En toda sociedad existen normas escritas que buscan asegurar el orden para una buena convivencia. Hay otras que no, pero que están siempre presente en nuestro entorno. Son códigos invisibles que se cumplen a conciencia cuando entras en una estación de metro, caminas por un parque o te bebes una cerveza en un restaurante. Son costumbres que varían según la cultura en la que estás sumergido. Se manejan con el tiempo y pueden convertirse en un dolor de cabeza si no sabemos «leerlas» bien. Los londinenses hacen de estas reglas todo un arte. No las encuentras en un libro, pero es mejor saberlas. En especial si estrenas un código postal en Londres.
Camina a la izquierda, permanece en la derecha
Esta es la regla de oro cuando tomas una escalera mecánica. No se te ocurra violarla cuando estés en una estación de metro en hora pico.
Mutis en el Tube
Esta costumbre pasa en muchos de los países latinoamericanos. Pero los londinenses son unos maestros del silencio apenas ponen un pie en un vagón de metro. Incluso, en horas pico la calma reina mientras corren los trenes.
Cero contacto visual con un bebé tierno
Tiene sentido pero cuesta no hacerlo. Hacer una mueca o un expresión a un bebé que te topas en un parque o en un bus es, en general, muy mal visto. Así que mide bien tus dosis de ternura.
A paso firme
Esta regla tiene ciencia pero muchos turistas la ignoran. Mantén un paso sostenido cuando caminas por un sitio muy transitado en invierno. Todos andamos congelados y queremos llegar a un sitio cálido.
Restaurantes típicos que no son
Eso pasa en otras ciudades del mundo pero se siente mucho en Londres por la gran variedad de nacionalidades que alberga. En los últimos años se ha multiplicado el número de restaurantes o puestos de comida típica. Pero esa cantidad no asegura buen sabor. La mayoría de los platos típicos están intervenidos para ajustarlos al gusto local. Los resultados pueden ser de terror.
Pendientes con los monopatines eléctricos
Si la norma de caminar por la izquierda se aplica por lo general en calles y parques. Eso no ocurre con los transportes eléctricos como patines, monopatines, bicicletas o algo similar con rueda y enchufe. Son muy populares en las calles y sus usuarios (no todos) andan por la libre. Violan cualquier norma de tránsito existente y pueden ir a velocidad de cohete. Así que no todo es paz y tranquilidad en un parque.
Precio alto, cero quejas
Londres está entre las ciudades más caras del mundo, en eso estamos todos de acuerdo. Un lugar donde un café puede costar más de cuatro dólares, una cerveza casi siete dólares y una camisa de fútbol puede sobrepasar los $130. Pero existe una costumbre: nadie se queja del precio, aunque todos sabemos que es una estafa.
Perros educados
Si hay algo que se puede venerar en esta ciudad son los perros. Son lindos, queridos, pueden comer mejor que un migrante recién llegado sin dinero y van por donde quieran. En tres años que vivo aquí, solo he visto ladrar a uno dentro de un restaurante. Nada parecido a sus pares caminos del país de donde provengo.